Biometría conductual: la clave en la era de la posvigilancia

La biometría conductual es la forma de analizar los patrones de comportamiento de los usuarios en el plano digital: desde los likes en redes sociales hasta los horarios en los que se accede a la web, todo es material cuantificable para la maquinaria de big data que, allí donde ve recursos, crea consumidores.

Hombre analizando datos en un portátil con gráficos y una interfaz de tragamonedas en una sala de control

La actividad online permite analizar y predecir el comportamiento de los usuarios.

Parte por parte: qué es la biometría conductual

La biometría clásica consiste en la recopilación de constantes físicas que permiten identificar a un cuerpo humano entre cualquier otro. Esto implica el mapeo de huellas dactilares, el escaneo del iris o la retina del ojo y la geometría facial.

Así como este conjunto de rasgos ha servido como herramienta de control para las fuerzas de seguridad durante tanto tiempo, hoy en día la biometría conductual cumple el mismo rol en el mercado online. Los usuarios somos son entidades rastreables, cuantificables, y, como tales, susceptibles de ser manipuladas.

La biometría conductual alcanza todo lo que tiene que ver con la actividad de las personas en la web. Nada le es ajeno: los likes otorgados, el momento en el que se produce la conexión a Internet, la velocidad del usuario en su navegación. Absolutamente todo es material para el análisis.

Un análisis que, por supuesto, no es neutral ni inocente. La información es el recurso más importante en el siglo XXI, y por eso existen brókeres de datos, exclusivamente dedicados a reunir y sistematizar la conducta de los usuarios en Internet. Luego todo ese pack es puesto a la venta.

En semejante ecosistema, existen garantías de que no aparecerán nombres propios de los usuarios. Sin embargo, es tal la cantidad de datos recopilada que, con un mero cruce de información, se puede tener la identidad precisa de una persona. En ese sentido, la biometría conductual es idéntica a la clásica.

Lo que difiere entre una y otra es que las mediciones web no está tan destinadas a un control coercitivo sino a la predicción de los comportamientos. Las empresas saben cuándo nos conectamos, qué nos gusta y qué tendemos a hacer en Internet.

Sobre esa base, apenas hace falta un empujón del algoritmo para que los usuarios queden en manos de quien los puede manipular, llevándolos en una u otra dirección sin que se den cuenta, mostrándoles contenidos en horarios estratégicos, en una lenta pero constante persuasión digital.

Privacidad y biometría: el alcance de las nuevas herramientas de vigilancia

El problema con la biometría conductual no es solo que las empresas pueden manipular a sus potenciales consumidores, sino que los datos pueden ser vendidos a redes delictivas. A partir de grandes bases de información, se pueden desarrollar campañas internacionales de estafas como phishing, smishing y otras similares.

Lejos de buscar soluciones, la sociedad actual se encuentra en proceso de acelerar el ritmo de la biometría conductual. Cada vez son más las actividades diarias que pasan por filtros digitales: la comida llega por delivery mediante una app, los horarios del transporte se consultan por código QR, los taxis se reservan desde el teléfono, y así sucesivamente.

Si parece que el mercado se esfuerza en seguir esta dirección, es porque así sucede. La virtualización de la experiencia no es un fenómeno casual y aislado, sino que forma parte de la cuantificación radical del humano en la era digital. Cuanto más mesurable y predecible, mejor consumidor será.

La biometría física representa el auge del control sobre los cuerpos; la biometría conductual es el control sobre la actividad en las pantallas. Se trata de una suerte de posvigilancia, no tanto orientada a supervisar el comportamiento de las personas, sino a influenciarlo, a conducirlo.

Establecer mayor privacidad y neutralidad está entre las facultades de los gobiernos, pero el mundo se encuentra en un momento en el que los estados-nación han perdido fuerza frente a las megacorporaciones. La disputa por la información personal parece ser el gran tema del siglo XXI, y seguramente en las próximas décadas se vean cambios sustanciales en esta área.

Jerónimo Corregido – Estafa.info – Editor jefe de la sección de noticias
La biometría conductual es uno de los ejes del tecnocapitalismo del siglo XX, donde la información es terreno de combate.