El sharenting se caracteriza por la publicación excesiva de contenido sobre los hijos en las redes sociales de los padres. Esto forma una huella digital a partir de la que se pueden rastrear los hábitos de las personas. No solo representa material para estafas, sino que puede generar repercusiones emocionales en los hijos.

Compartir fotos de los hijos sin su consentimiento también es sharenting.
Sharenting: una aproximación a un fenómeno típico del siglo XXI
Uno de mis contactos en redes sociales publica lo siguiente: “Mi nene me pidió que no suba más fotos de él. Al principio me sentí atacada pero después comprendí lo estúpido que es publicar fotos de tus hijos en redes sociales. A nadie le interesa lo lindo que es tu mocoso, y está lleno de enfermos”.
Resulta un excelente resumen de lo que se describe como sharenting, es decir, los efectos de la exposición de los niños en las redes de los mayores. Los padres pueden creer que se trata de algo agradable y hasta beneficioso para sus hijos, pero la realidad puede ser completamente diferente.
Desde el punto de vista de muchos adultos, compartir fotos de niños en redes sociales luce como una suerte de capital simbólico, sobre todo cuando se trata de los hijos propios, que suelen ser exhibidos como trofeos, incluso desde la más temprana edad. Un fenómeno que está impulsado por el auge de los influencers.
Tanto es así que, para muchos, los niños en redes se transforman en una fuente de ingresos reales. Esto ha llevado a que muchos menores de edad se convirtieran en lo que se conoce como “microcelebrities”. Es decir, se monetiza su aparición en internet a partir de la cantidad de seguidores y visualizaciones.
Los riesgos de subir fotos de hijos y de menores de edad
La problemática está cobrando cada vez más visibilidad. En Europa y África Oriental está en marcha un proyecto llamado “Guardián”, dirigido por la investigadora Anna Brosch, de la Universidad de Silesia, Polonia. Su objetivo es generar consciencia sobre el sharenting y la huella digital que producen las fotos de niños en redes sociales.
Este estudio, que se financia a través de las Acciones Marie Skłodowska-Curie (MSCA) y cuenta con la participación de universidades europeas, busca dimensionar la magnitud del tema. Se parte de una observación puntual, que es que los padres no reflexionan sobre la permanencia de las imágenes en internet. La enorme mayoría sube los contenidos de sus hijos a las redes sin recordar que quedarán allí para siempre.
Los riesgos de grooming y acoso están entre los más preocupantes. Según un informe de la Alianza Mundial WeProtect, más de la mitad población de entre 18 y 20 años habría sufrido algún tipo de ataque de índole sexual por internet. Para el estudio, se entrevistó a más de 5.000 personas de esa franja etaria, de 54 países.
Las cifras son aun más llamativas cuando se trata de niñas: 7 de cada 10 afirma haber recibido contenidos sexuales de adultos a través de la web. En semejante contexto, la exposición innecesaria de menores de edad se presenta como lo menos recomendable.
Pero el sharenting no solo está relacionado con grooming, sino también con el perjuicio emocional que pueden sentir los niños. Mientras que muchos pueden ver con buenos ojos la aparición en las redes de sus padres, para tantos otros puede representar una vergüenza. Incluso puede ser motivo de bullying.
Prueba de esto es que se vuelven cada vez más comunes los pedidos de borrar contenido. Según el citado informe, el 29% de los niños de Rumania le pidió a sus padres que eliminaran sus fotos de las redes.
Y con eso volvemos al comienzo: el posteo de mi contacto en Facebook. Su hijo claramente le había pedido algo sensato, algo que pediría cualquier adulto. Ni más ni menos, que se cuidara su privacidad. Aun cuando esto no conllevara peligros como los mencionados, la sobreexposición de terceros en las redes comporta un dilema ético. ¿Hasta qué punto podemos difundir imágenes ajenas, aun cuando sean de los propios hijos?