La CE lanza un plan para buscar la soberanía tecnológica de Europa. Se basa en la producción de chips propios, el desarrollo de IA y el impulso del código abierto. También se plantea la digitalización del sector energético. Sin embargo, el proyecto tendría dificultades de financiación.

Crearán chips para darle soberanía tecnológica a Europa.
Proyecto de soberanía tecnológica para Europa
La Unión Europea viene viendo con preocupación que el ordenamiento social en la era de las comunicaciones no podría ser posible sin la tecnología de empresas estadounidenses o chinas. Esta dependencia en corporaciones extranjeras se ha asumido como una debilidad de la región que podría afectar seriamente su autonomía.
Por eso es que la Comisión Europea ha puesto en marcha un plan de soberanía tecnológica. Europa daría un cambio radical a la cadena de valor de sectores clave, en función de abastecerse tanto de materiales como de servicios para funcionar de manera independiente. En la actualidad, el 80% de los recursos provienen de proveedores extranjeros.
La CE también se ha referido al esquema vigente como una “weaponización de las dependencias”. Es decir, los países que no tienen soberanía tecnológica pueden sufrir presiones de aquellos que abastecen los servicios esenciales. Cabe destacar que las redes de transporte, salud y banca de Europa hoy en día no podrían funcionar sin los chips y sistemas de información extranjeros.
Creación de chips, desarrollo de la nube y puesta en valor de la IA
El primer paso del proyecto implica una propuesta de ley para que Europa desarrolle sus propios semiconductores. Sería la primera vez que se fabriquen chips de menos de 3 nanómetros en la región. La primera producción podría salir en modo piloto para 2030-33. En la actualidad, los chips provienen de EE.UU., Taiwán o Corea del Sur.
En el mismo orden, la CE promueve la triplicación de los centros de datos, para que la información en la nube no dependa de servidores externos. Esto implicaría la renegociación de los contratos vigentes con proveedores estadounidenses.
A eso se le suma la inversión para que los avances en inteligencia artificial sean generados en el propio territorio, en vez de exportarse de Silicon Valley o de Shenzhen. El desarrollo de esta tecnología parece ser fundamental para la autonomía digital de Europa, en épocas donde los procesos tienden a la automatización.
Estrategia de código abierto para la Unión Europea
Desde la CE han advertido que Europa gasta unos 264 mil millones de euros cada año en servicios tecnológicos, que provienen, por lo general, de empresas estadounidenses. Por eso es que ahora la propuesta es virar hacia el código abierto, con la idea de ahorrar recursos y construir alternativas independientes.
El código abierto se caracteriza por ser de dominio público. Esto implica que es auditable y modificable por cualquier persona. El objetivo de la CE es que, a partir del fomento de esta herramienta, se construyan agentes de IA propios y redes sociales no centralizadas.
El documento de la CE da cuenta de que en Europa existen unos tres millones de desarrolladores de código abierto. Toda esta capacidad podría ser mucho mejor aprovechada si se le diera cohesión interna, bajo una regulación que auspicie su progreso.
Hoja de ruta para la digitalización de la energía
Por último, el proyecto contempla una modernización del sector energético, de la mano de herramientas digitales y de inteligencia artificial. Esta meta se alinea con la creación de centros de datos, que requieren grandes cantidades de energía para funcionar.
Con tecnología europea se podría avanzar en programas específicos para la región, como la creación de fuentes renovables. El documento se refiere a la investigación de energías limpias y al aprovechamiento del calor residual.
El financiamiento del proyecto: un inconveniente a considerar
La CE contempla que el desarrollo de chips europeos requeriría una inversión de 120.000 millones de euros; los centros de datos para la nube y la IA, otros 300.000 millones; el código abierto, unos 2.000 millones; y el proyecto de energías renovables, 400.000 millones al año.
La idea es que los inversores sean del sector privado, y para ello la UE recurriría al Fondo Europeo de Competitividad, con la idea de brindar garantías. Sin embargo, no se puede contar con un apoyo de los grandes capitales, como son los fondos de inversión de riesgo, ya que el grueso de su negocio se enfoca en EE.UU. y China.