Volvieron a quedar vacantes las licitaciones para el Casino de Necochea. El abandono de las instalaciones y los conflictos políticos son dos de los principales factores que disuaden a las empresas de invertir. La intendencia intentó subastar el predio pero se encontró con el freno de la comunidad organizada.

Estado del Casino de Necochea: abandono y especulación inmobiliaria.
El Casino de Necochea, entre el abandono y la resistencia
Se trata ni más ni menos que del edificio más emblemático de la ciudad balnearia. El Casino de Necochea fue, durante décadas, la postal más reconocible del centro urbano. Hoy en día atraviesa la etapa más decadente de su historia.
El mes pasado hubo un nuevo proceso de licitaciones en la provincia de Buenos Aires, en las que se adjudicaron plazas en importantes casinos de Mar del Plata, Tandil y Miramar, todas para la firma Boldt S.A. Concretamente, son permisos de 20 años para la explotación de máquinas tragamonedas. La licitación en el Casino de Necochea, una vez más, quedó desierta.
Esto ya había sucedido anteriormente, y señala la inconveniencia del negocio. Poner en pie el establecimiento requeriría una inversión de decenas de millones de dólares, en vista de que el predio comprende 22.000 metros cuadrados.
El estado actual de las instalaciones hace imposible cualquier apertura inmediata del Casino de Necochea. El abandono no solo ha sido notado por los potenciales inversores, sino que es motivo de denuncia constante por parte de la comunidad necochense, que ve con preocupación cómo el edificio sigue perdiendo valor.
Otro de los aspectos que disuaden la inversión es la politización de la contienda judicial. El intendente de Necochea, Arturo Rojas, viene promoviendo un proceso de subasta, que genera resistencia entre la población. Se trata de un proyecto para el desarrollo inmobiliario en el terreno.
En semejante situación, la puesta en marcha del negocio no genera confianza. Si una empresa resultara ganadora de la licitación, podría verse afectada por fallos judiciales posteriores. Hasta que no se resuelva la situación legal del casino, difícilmente habrá serios interesados en su recuperación.
Contexto e historia del casino abandonado de Necochea
La idea de subastar el inmueble ha generado mucha controversia. Un grupo de vecinos y especialistas presentó un reclamo administrativo, que no tuvo respuesta, pero sirvió para que el Juzgado en lo Contencioso Administrativo de Necochea detuviera la venta del complejo.
Los opositores señalan que el proyecto no cuenta con los controles urbanísticos de rigor. Es decir, no hay estipulaciones sobre qué se podría construir ni de qué manera, ni tampoco hay precisiones sobre qué se hará con la edificación que sigue en pie.
El patrimonio del Casino de Necochea está amparado con la categoría A, lo cual implica una prohibición para remodelar fachadas e interiores. Además, los vecinos señalan que la subasta impulsada desde la intendencia no presenta un Informe Ambiental Regional. Particularmente, el sistema cloacal de las viejas construcciones genera preocupación, dado que no está operativo y podría presentar riesgos de contaminación marina.
El Casino fue inaugurado en 1973 por el gobernador Miguel Moragues. En ese momento representó un hito para la Costa Atlántica argentina. Sin embargo, los problemas para la entidad comenzarían poco después.
En 1978, en pleno transcurso de la última dictadura militar, se dio el primero de los tres incendios que afectarían las instalaciones. Los otros dos fueron en épocas igualmente complejas del país: en el año 2001, marcado por los estallidos sociales y la renuncia del presidente, y en 2020, cuando se desató la pandemia de Covid.
El primero de esos accidentes se dio en un contexto laboral. Sin embargo, los dos posteriores estuvieron envueltos en sospechas, puesto que sucedieron en instalaciones abandonadas, sin ningún tipo de control. La comunidad necochense ha comentado repetidamente que podría tratarse de una estrategia para desvalorizar el casino y evitar que reabriera.
Tanto el ejecutivo municipal como los grandes desarrolladores inmobiliarios están ansiosos por deshacerse del ícono local y capitalizar los terrenos frente al mar. En el lado opuesto, hay una sociedad que quiere conservar su tradición y se resiste a que el predio se llene de condominios para turistas de clase media-alta.