El sudeste asiático es el escenario de la industrialización a gran escala de las estafas, que ya representan un fuerte motor económico de varios países. La desigualdad económica, la falta de oportunidades y los escasos controles estatales fomentan un negocio millonario basado en el fraude y el engaño.

Redes criminales industrializan estafas en el Sudeste Asiático con apoyo o tolerancia estatal.
Una estafa de Estado: la maquinaria del fraude a gran escala
Las estafas digitales han pasado de cuentos inverosímiles enviados por correo electrónico a un entramado complejo y problemático que mueve miles de millones de dólares por año. Tanto es así que este esquema de fraudes es una de las principales actividades económicas de algunos países del sudeste asiático.
Por sus laxas regulaciones estatales, o por sus crisis de gobierno, lugares como Tailandia, Camboya, Laos y Myanmar se han convertido en epicentros de la estafa organizada. Allí se han instalado verdaderos centros de trabajo forzado, desde donde se urden todo tipo de timos.
Un ejemplo concreto es el oscuramente célebre KK Park, un complejo situado entre Myanmar y Tailandia. Allí operaban decenas de miles de trabajadores sin derechos, reclutados con engaños para la labor.
El gobierno militar de Myanmar ha procedido a su clausura y demolición, lo cual produjo desplazamientos de masivos de personas, sobre todo en dirección a Tailandia. Se trataba de trabajadores cautivos que no podían regresar a sus hogares bajo amenaza.
Si bien KK Park fue desactivado, es apenas una de las puntas de lanza de esta industria multimillonaria. El poder que ejercen los grupos delictivos es comparable a lo que se ven en los narco-Estados, donde las bandas traficantes consiguieron cooptar parte del poder institucional.
Tanto es así que a esta nueva aglomeración de países se la ha dado en llamar “scam-State”, es decir, Estados de estafa. Los periodistas locales que han abordado el tema recibieron amenazas y no consiguieron avanzar. Actualmente, la problemática está recibiendo la atención de la prensa occidental.
Cómo funciona un Estado de estafa: reclutamiento
Mientras que la Unión Europea está avanzando en el tratamiento legal de la ciberdelincuencia, en el sudeste asiático la situación es bastante diferente. Según un informe del medio inglés The Guardian, los países más pobres de la región dependen cada vez en mayor medida del delito de estafa para salir adelante.
En efecto, en Myanmar, país sujeto a una feroz guerra civil y gobernado por una junta militar, la estafa industrializada llegaría a los 15,3 mil millones de dólares al año. Esto es el 23% de su Producto Interior Bruto (PIB).
Aun mayor es la dependencia de sus países vecinos. En Camboya, la industria de la estafa reditúa 12,8 mil millones de dólares al año: el 30,2% de su PIB. En Laos, que tiene aún menos desarrollo productivo, la estafa de Estado asciende a 15,8 mil millones, que representan nada menos que el 68,5% de su PIB.
Pese a que los gobiernos nacionales han advertido sobre el problema y han tomado algunas medidas, como la demolición de KK Park, el asunto está en plena escalada y el fraude digital se encuentra en su pico histórico.
Se cree que los organizadores de estos centros clandestinos reclutan trabajadores pobres con ofertas de empleo falsas, y luego no les permiten retirarse. Generalmente, como probó la experiencia de KK Park, son personas de países limítrofes, desarraigadas de su entorno social.
En cuanto al tipo de fraudes que se perpetran, hay de todo, pero los medios han resaltado la estafa de “pig-butchering”. Esto consiste en desarrollar un lazo afectivo con la víctima a lo largo de un tiempo, con la idea de solicitarle una inversión, que comúnmente se pide en criptomonedas.
Con los nuevos recursos tecnológicos, los estafadores han podido simular voces, traducir conversaciones en distintas lenguas y hasta falsear videollamadas. Otros tipos de fraudes incluyen la estafa piramidal (un mal endémico de esta época) y el phishing a gran escala.
El sudeste asiático sigue siendo una de las zonas de mayor desigualdad económica del mundo. Los puestos de trabajo formal escasean para una población enorme y en constante crecimiento. De esa forma, no es extraño que la estafa se vuelva política de Estado. Una consecuencia directa de la división internacional del trabajo impulsada desde Occidente durante los últimos 200 años.