OneCoin fue una estafa piramidal disfrazada de inversión con criptomonedas que dejó un fraude de miles de millones de dólares. Los timadores actuales no han cambiado el modo de operar: solamente cambian los nombres y el discurso, pero el esquema interno es siempre el mismo.

Detrás de grandes promesas de rédito suele haber una estafa Ponzi.
Un poco de contexto: qué fue OneCoin
Corría el año 2014 y la información que circulaba sobre criptomonedas era mucho más vaga que hoy en día. La gente comenzaba a interesarse por bitcoin, pero otros activos generaban más suspicacia. Fue así como nació OneCoin, un proyecto que proponía superar a todas las divisas del momento.
En sus ambiciones de mercado, OneCoin no se diferenciaba mucho de otros emprendimientos de la época. Lo que generaba su aura de confianza era el liderazgo de una mujer reconocida en el mundo de los negocios y con un doctorado en Derecho Privado Internacional. Se trataba de Ruja Ignatova.
Para aumentar su popularidad, la fundadora de OneCoin salió en la portada de Forbes Bulgaria, su país natal. La marca ganó una popularidad que pocas veces se veía en el entorno de las criptomonedas, basada en un discurso de superación personal muy cercano con el coaching ontológico.
Los seguidores de Ignatova estaban fascinados, al punto de que OneCoin organizó un evento en el Wembley Arena de Londres en 2016, donde se congregaron más de 90.000 personas a escuchar a la cúpula de la empresa. En paralelo, sin embargo, las autoridades financieras comenzaban a alertar sobre el asunto.
Porque OneCoin, a pesar de revestirse de inversión en criptomonedas, no estaba apoyado en ninguna plataforma de cadenas de bloques. El negocio se desarrollaba simplemente mediante un servidor interno, algo que los entusiastas no sabían reconocer.
La empresa vendía paquetes de formación sobre criptomonedas, en los que se incluían tokens para minar onecoins. No obstante, nada de todo eso estaba sustentado en una red pública ni había un software de minería verificable.
Se trataba, en realidad, de una carrera por conseguir clientes: las supuestas ganancias de los antiguos inversores eran pagados con los paqueres que compraban las nuevas víctimas.
Es el mecanismo clásico de un sistema Ponzi, algo que, desde entonces, se ha dado a conocer con mucha más amplitud. Si hacían falta más comprobaciones, Ruja Ignatova desapareció de la vida pública en 2017 y nunca más pudo se rastreada.
Ignatova salió totalmente del radar de todos solamente un año después de haber llenado Wembley. Tanto su hermano como su abogado están en prisión, condenados por fraude y lavado de dinero. Los clientes…, pues bien, ninguno recuperó su dinero.
¿Una lección aprendida sobre las estafas con criptomonedas?
OneCoin dejó un fraude que se calcula entre los 4.000 y los 15.000 millones de dólares. Fue la segunda criptomoneda de mayor capitalización en el mercado, por detrás de bitcoin, y llegó a operar en más de 100 países. Un verdadero éxito para una estafa piramidal tan lisa y llana.
Pareciera que los recursos con los que contamos hoy en día nos servirían para rehuirles a ofertas sospechosas como esta. Más de 10 años después de OneCoin, hay muchos más datos sobre inversión, se pueden tomar precauciones al elegir una criptomoneda y hasta hay organismos acreditados para consultar.
Así y todo, la realidad dista de la hipótesis. Las estafas con criptomonedas siguen prosperando, y lo hacen a través del mismo mecanismo que OneCoin. De hecho, recientemente la Policía Nacional de España detectó redes que operaban de la misma manera fraudulenta en Galicia, reclutando inversores para despojarlos de su dinero.
La constante en estas estafas es un potente discurso meritócrata, que consigue explotar la ambición de grandes sectores de la sociedad. En un mundo signado por economías inestables, donde la desigualdad crece de manera exponencial, el sueño de hacerse millonario de modo repentino parece ganar más fuerza que nunca.
Lo que hay que entender es que todas las empresas que explotan esa ambición suelen encubrir estafas. Las promesas de grandes réditos o de un ascenso social inmediato no son más que la coartada para llenar de ilusión a gente sin la formación necesaria para invertir.