La primera instancia del juicio a Meta por daños a menores acabó con una resolución contraria a la empresa, que fue multada con 567 millones de dólares. El juez también ordenó cambios en el funcionamiento de las plataformas para garantizar la integridad de los usuarios. La firma anunció que apelará.

Sigue la polémica por el juicio a Meta por daños a menores en EE.UU.
La sentencia contra Meta en Nuevo México
La empresa de Silicon Valley se halla en aprietos en Estados Unidos, donde los jueces federales están revisando procesos en su contra. A principios de agosto, se dio un fallo en Nuevo México que condena a la empresa al pago de 567 millones de dólares por el perjuicio colectivo de sus redes sociales.
Se trata de un juicio contra Meta por daños a menores que inició el fiscal general del Estado, Raúl Torrez, y que ha generado grandes controversias en la sociedad. El juez Bryan Biedscheid no solo ordenó el pago de la multa, sino que indicó modificaciones en las plataformas digitales.
Entre ellas se cuentan la aplicación de medidas de seguridad para menores, tales como los límites mensuales en el uso de Facebook e Instagram y las restricciones en las notificaciones. También se indicaron restricciones más tajantes para que los adultos entren en contacto con menores en línea.
Otro punto importante en el fallo es lo que atañe a los chatbots de inteligencia artificial. El juez ordenó que se imposibilitaran las conversaciones románticas o sexualizadas entre el sistema y los menores. También indicó revisiones más amplias sobre las denuncias por abusos sexuales infantiles.
Según el fiscal Torrez, Meta habría privilegiado sus ganancias antes que las políticas de seguridad de los menores. Es decir, los contenidos perjudiciales habrían sido colocados adrede, de modo tal que funcionaran como enganche de los usuarios. En su perspectiva, el caso no se trata solo de ponerle límites a una empresa en particular, sino de delinear el modo en que las tecnologías repercuten en la sociedad.
Análisis sobre el perjuicio colectivo de las redes sociales
El juicio a Meta por daños a menores se centró en las pruebas que señalaran un perjuicio colectivo, es decir, actividades que afecten sistemáticamente la salud, seguridad o bienestar general de la población, desarrolladas a través de prácticas engañosas, abusivas o delictivas.
En ese sentido, la acción de las redes sociales puede ser equiparada a la de una empresa que contamina un río. Ese mismo paralelismo ha sido trazado en la justicia de Nuevo México para emitir sanciones contra tabacaleras, cigarrillos electrónicos, productos opioides y empresas que atentaran contra el equilibrio social.
El juez Biedscheid apuntó que las redes sociales generan efectos que trascienden sus propios límites y se extienden al resto de internet y al mundo real. La estructura adictiva de Facebook o Instagram no comporta solo un problema para el usuario mientras está conectado, sino que genera consecuencias sobre las familias y las comunidades.
A pesar de su visión crítica sobre el asunto, el juez evitó algunas de las restricciones a Meta, como los cambios en sus algoritmos y la eliminación del desplazamiento infinito. Estos puntos, junto con la reproducción automática de videos, son algunos de los puntos que sí entrarían en vigor en Europa a partir del Reglamento de Servicios Digitales, aunque todavía no se han implementado.
Llamado de atención sobre el diseño adictivo de las redes sociales
Ya se espera la apelación de Meta, que asegura que su actividad no interfiere con el derecho público. Sin embargo, el caso arroja luz sobre un modelo de negocios que prioriza las ganancias por sobre la seguridad, aun cuando lo que esté en riesgo sea la salud mental de adolescentes. Las redes sociales se han convertido en un terreno de disputa social y económico.
Las acusaciones contra Meta son similares a las que se suelen esgrimir contra casinos y casas de apuestas ilegales: la falta de cuidado a los usuarios, la manipulación del individuo para extraer su dinero y tiempo, la ausencia de controles de edad. ¿Habrá manera de ponerle un límite al gigante tecnológico, o seguirá avanzando con su paso implacable más allá de toda regulación?